Músculos rígidos, hombros encogidos, mandíbula apretada, mirada inquieta, dolores de cabeza.
«Estoy siempre en alerta, como si algo malo fuera a pasar.»
«Me sobresalto por cualquier ruido.»
«No logro relajarme, ni siquiera cuando debería.»
La hipervigilancia es como vivir en alarma permanente. El sistema nervioso queda «entrenado» para detectar riesgos de manera exagerada.
Puedes preguntarte:
¿A qué edad aprendí que el mundo no es seguro? ¿Sigo necesitando esta alerta hoy?
Con acompañamiento, se puede enseñar al cuerpo a bajar la tensión y volver a experimentar seguridad.