Rigidez facial, mandíbula apretada, tensión en estómago, náusea leve, mirada que evita.
«No soporto cómo es, cómo habla, cómo se mueve.»
«Me da rechazo solo pensar en estar cerca de esa persona.»
«No puedo mirarlo sin que se me revuelvan las tripas.»
El desprecio no aparece de la nada. Es una defensa emocional muy profunda: mezcla de decepción, juicio, repulsión y dolor no elaborado. Muchas veces, lo que rechazamos en el otro toca algo doloroso en nosotros.
Puedes preguntarte
¿Qué parte mía no se sintió vista, cuidada o respetada?
Nombrar lo que hubo antes del desprecio es la única forma de no quedar atrapado en el juicio.