Calor en la cara, rubor, mirada hacia abajo, nudo en garganta, hombros caídos.
«Siento que hay algo en mí que no está bien.»
«Me cuesta mirarme a los ojos cuando hablo con alguien.»
«Me pongo rojo/a o me paralizo si siento que me miran.»
La vergüenza es silenciosa y poderosa. No habla de lo que hicimos, sino de quién creemos que somos. A diferencia de la culpa («hice algo mal»), la vergüenza dice: «yo soy el problema».
La vergüenza se alimenta del silencio. Pierde fuerza cuando se comparte.
Puedes preguntarte:
¿De quién es esta voz que me juzga? ¿Es mía o es un eco de alguien más?